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>>OPINIÓNSan José, Costa Rica, Jueves 28 de febrero de 2008, 10:18:17.


Editorial

El reclamo israelí

Después de que el Gobierno anunciara su decisión de reconocer a la Autoridad Nacional Palestina (ANP), era de esperarse alguna reacción de parte de Israel. Y no precisamente una reacción favorable. Después de todo, la disputa entre esos dos pueblos tiene ya miles de años, y aún hoy no hay visos de una salida razonable.

Esta semana se produjo esa reacción ante la nueva posición costarricense: en represalia, el Gobierno de Israel canceló la visita al país de su viceministro de Relaciones Exteriores, Majalli Whbee, al tiempo que advertía su malestar con la administración de Óscar Arias por el viraje en materia de política exterior.

Además, no bastó con eso, sino que pronto las autoridades israelíes volvieron a traer a colación el principal antecedente en esta materia: el traslado de la embajada de Costa Rica desde Jerusalén a Tel Aviv, decretado desde hace más de un año.

Como hemos apuntado, el conflicto entre israelíes y palestinos es ya histórico. Pero cuando se observan reacciones como estas, se comienza a entender que las posibilidades de salida son escasas, si no nulas.

El problema, está claro, es más amplio que una simple disputa territorial. La intolerancia ha sido uno de los elementos más constantes en ese proceso, en que algunos han insistido en la urgencia de buscar acuerdos, pero no han podido ver avances en esa línea.

Los intentos de Estados unidos y, particularmente, de la Unión Europea por poner a las partes a discutir —con la madurez del caso— alternativas de solución, se ha visto boicoteada a diario por los grupos radicales de ambos lados, que no creen en la coexistencia pacífica de los dos pueblos.

Entendemos claramente que hay muchos hechos en la historia que han golpeado las sensibilidades. Pero justificarse en ello para no dar vuelta a lo hoja no llevará a nada positivo.

Nos atrevemos a pensar, incluso, que los grupos radicales palestinos aplauden cada vez que se dan reacciones como la de Israel ante la nueva postura nacional, porque les permite presentar a la nación hebrea como una que se opone a su existencia. Ese marco de radicalismos es el ideal para seguir sembrando odio.

No estamos para dar lecciones ni a los palestinos ni a los israelíes. Pero las dos partes deberían repasar su situación y entender el hecho real de que la moneda tiene dos caras. No hay forma de ver solo una de ellas.

Si ambas partes no hacen concesiones ni se interesan en un nuevo contexto de tolerancia, no van a llegar a ninguna parte y la violencia no cesará en el Medio Oriente.

Es claro que estos no son los únicos actores que tienen allí su cuota de responsabilidad. Un rol fundamental corresponde a las naciones vecinas. Pero el punto de partida solo lo pueden fijar Israel y Palestina. No hay de otra.

En lo que toca al reconocimiento otorgado por el Gobierno a la Autoridad Palestina, es un paso que todos los países deberían copiar. A partir de ahí, contribuir con las partes a la discusión franca y positiva de los puntos que de seguro quedarán girando en el ambiente, especialmente el tema territorial.





 



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