Logo

Portada
Nacionales
Internacionales
Opinión
Economía
Deportes
Sucesos
Purruja
Abanico
Clasificados



   TIPO DE CAMBIO $
   COMPRA: ¢ 516,46
   VENTA: ¢ 522,81

   NOTICIAS DE
 ULTIMA HORA



>>OPINIÓNSan José, Costa Rica, Miércoles 2 de julio de 2008, 09:07:58.


Editorial

El mismo discurso

Cada año, al menos una de las organizaciones sindicales del Magisterio Nacional hace un llamado a huelga, conforme con el derecho que le asiste a los trabajadores en este país.

Y una consecuencia lógica de ese llamado a huelga es la pérdida de clases por parte de los estudiantes sometidos a la disciplina de los educadores que se acogen al movimiento.

Eso, simplemente no se puede evitar. Es una realidad que no admite discusiones.

Pese a ello las autoridades del Ministerio de Educación Pública, de ahora y de siempre, no se han ocupado de establecer parámetros objetivos y claros sobre como proceder en esas situaciones.

Es común que los jerarcas de turno repitan ante los medios de comunicación la sentencia amenazante de que los educadores en huelga deben reponer las lecciones perdidas.

Esto, ya de por sí implica un problema para los estudiantes, porque les rompe un calendario escolar previamente establecido, que puede llegar a tocar sus fechas de vacaciones, aún a pesar de que la situación de huelga no haya sido generado por ellos.

Y eso ocurre pese a que no son todos los estudiantes los afectados, pues nunca se alcanza a un 100 por ciento de participación de los educadores en las huelgas.

Ahora bien, al decir esto no estamos anticipando que no se deberían reponer las lecciones. Después de todo, si se actuara de esa manera, es seguro que los estudiantes no podrían terminar el programa de estudios esbozado para el año.

Esto obliga a buscar opciones prácticas para la recuperación del tiempo lectivo. Y da la impresión de que no puede dejarse el tema casi al azar, con postulados como aquellos de que en cada centro educativo se debe hacer lo necesario.

Es imperativo que haya un plan establecido, que permita a los directores de escuelas y colegios actuar en casos de reposición de lecciones, y que todos los actores sepan a ciencia cierta a qué atenerse.

En ese sentido, se deberían plantear tiempos específicos de extra clase que no afecten los períodos de vacaciones, y que empaten con los horarios regulares de trabajo. Vale decir, por ejemplo, una extensión de horarios, que responda a la recuperación efectiva de los tiempos perdidos.

Para esto, es obvio que se requiere un seguimiento completo al personal en huelga, a fin de establecer con certeza qué lecciones perdió cada grupo.

Estamos convencidos de que si se sigue esta práctica, muchos educadores que suman a las huelgas más por disfrutar del tiempo libre que por identificación con los movimientos de protesta, lo pensarían dos veces antes de desatender las clases. Pero, sobre todo, los estudiantes no tendrían que sacrificar ni sus clases ni sus vacaciones por los reclamos de sus maestros.

Es cuestión de afinar el lápiz para llegarle al esquema.





 



Miembro de la Sociedad Periodística Extra Ltda.
Diario ExtraLa Prensa LibreCanal 42Radio América