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>>OPINIÓNSan José, Costa Rica, Miércoles 9 de julio de 2008, 23:37:48.


Editorial

Detrás de una fotografía

Dos versiones contrapuestas marcan una disputa entre la ministra de Cultura y Juventud (porque aunque la Ley ubica en esa misma dependencia a los deportes, a alguien se le ocurrió que estos debían pasar al Ministerio de Salud y de un tajo lo hizo), María Elena Carballo, y la ex directora del Museo de Arte Costarricense, Gabriela Sáenz.

Mientras la segunda alega que la ministra la pretendió obligar a retirar un cuadro de la inauguración de ese Museo, exhibido ahora en el marco de las celebraciones del 30 aniversario de esa institución, la segunda alega que nunca giró esa instrucción.

Será difícil saber cuál de las versiones es la cierta, toda vez que, al parecer, solo hubo un testigo de los hechos iniciales, y es subordinado directo de Carballo.

Pero, más allá de ese punto en particular, el conflicto refleja algo de lo que los ticos no podemos estar orgullos nunca: el manejo de la cosa pública bajo criterios personalistas o intereses partidistas y de Gobierno.

Es absolutamente censurable el hecho de que no se hayan podido poner de acuerdo dos funcionarias en la posición de las que dan pie a esta situación, para organizar una actividad que recuerda una fecha memorable para el arte en nuestro país.

Esto último debería ser el aspecto central de todo. Recordar la fecha en que se dio ese gran paso. Nunca la cuestión de qué exponer y qué no exponer, o quién decide y quién no decide qué exponer, debió llevar a una situación como la de comentario.

Desgraciadamente, no nos es extraño que se dé. Porque en nuestro país, no hemos aprendido a valorar las cosas realmente importantes. De hecho, es notorio que, administración tras administración, algunos hechos históricos que hoy cobran un matiz muy particular pueden terminar luego en el baúl de los recuerdos.

Es la consecuencia de esa práctica de resaltar lo que partidariamente conviene, y postergar aquello que, aunque se reconoce importante, no se ve políticamente bien.

Y es entonces cuando añoramos la actitud de otras sociedades en las que lo importante, por sobre todo lo demás, son esos hechos históricos, aunque ello implique destacar a las figuras que estuvieron involucradas en ellas.

Si este fuese el enfoque, nos evitaríamos muchos malentendidos. Porque a partir de una revisión detallada, se establecería un calendario oficial de actividades por año en cada institución pública. Y en ese marco, se podrían resaltar los hitos más importantes.

Después de todo, 30 años después, como en el caso del Museo, o cualquier cantidad de tiempo después, para algún otro caso, lo que interesa a una sociedad es que pueden disfrutar de aquello. Es que tiene algo –en este caso, una institución al servicio de la cultura- que está por encima de las circunstancias de momento.

Es oportuno decir, más allá del interés de entender lo que realmente ocurrió en el caso específico de la disputa entre la ministra Carballo y la señora Sáenz, que lo importante es la historia que el país ha escrito y que debe seguir escribiendo. Y cuando entra en esa historia un capítulo como este, siempre queda un mal sabor.





 



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