Editorial
El estrés de Japdeva
La noticia de que en los próximos días el señor Álvaro Rodríguez dejará la presidencia ejecutiva de la Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica (Japdeva), debido a problemas de estrés, reafirma todas las luces de alerta en torno a esa entidad.
Será la tercera baja de la actual administración al frente de la institución, cuando el funcionario apenas se apresta a cumplir tres meses y medio en el puesto.
Japdeva es una clara demostración de que hay en el país instituciones que han cumplido ya un ciclo, no por las tareas que deben llevar adelante, sino por aquello en lo que se han convertido. Y ese es el caso de Japdeva, creada originalmente para administrar los puertos del Caribe costarricense e impulsar iniciativas de desarrollo, pero que se ha convertido en un problema más, en lugar de una solución.
En el terreno del desarrollo, Japdeva gestionó algunas iniciativas entre las cuáles quizá la más recordada fue la introducción de la cría de búfalos. Pero desde allí comenzó mal, porque se planteó el proyecto como propio, cuando lo que debió hacer era asesorar a los productores de la región para que fuesen ellos los que llevaran adelante la crianza.
Y, en lo que toca a los puertos, allí concentró la mayor parte de su acción y, francamente, no con muy buenos resultados. Ha sido una entidad lenta a la hora de reaccionar frente al crecimiento de las necesidades de carga y servicios complementarios.
Hoy día, tiene una maraña administrativa que no le deja funcionar, consolidada a la vez en una convención colectiva diseñada para no hacer nada, pero con rango de ley, lo cual dificulta los procesos gerenciales.
Y si a eso le sumamos, como ha sido la tónica desde hace muchos años, la llegada de funcionarios de corte político sin un planeamiento concreto para la institución, pues es claro que lo menos claro es el norte que tiene Japdeva.
Desde esa perspectiva, no es de sorprender que el jerarca se vaya, aduciendo problemas de estrés. Porque, en honor a la verdad, si quiere trabajar, las limitaciones operacionales le llevarán, forzosamente, en esa dirección. Y si no sabe trabajar, la incapacidad de ver que la entidad está cuasi paralizada, sin respuestas ante las necesidades de la comunidad costarricense a la que debe servir, también terminará del mismo modo.
Por lo demás, da la impresión de que el Gobierno equivocó el camino en el tema de Japdeva, pues se ha concentrado en la concesión de los puertos y, paralelamente, en el proyecto de Limón Ciudad Puerto, con lo cual no ha dejado espacio para plantear qué ha de pasar con esta institución.
De hecho, dentro de ese contexto, Japdeva no ha tenido casi ninguna participación en el proceso, porque éste lo lleva el ministro de Coordinación Institucional, Marco Vagas, con oficina en Casa Presidencial.
Sería sano, entonces, que el Gobierno comience a elaborar algo sobre el destino de Japdeva antes de escoger al próximo jerarca.
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