Editorial
Tiempos de crisis
Estados Unidos vive hoy por hoy una de las peores crisis económicas de los últimos tiempos, pese a que el presidente de ese país, George W. Bush, se empecinó en tratar de negarlo e ignorarlo sistemáticamente.
Las continuas alzas en los precios de los combustibles y los escándalos en el sector inmobiliario han generado un rompecabezas que cada vez se desarma más, y que comienza a golpear a otros sectores con fuertes impactos en el empleo y la actividad comercial.
Algunos ya se han aventurado a hablar del agotamiento del sistema, ante lo cual ciertos sectores de la población exigen ya respuestas, mientras el Gobierno apenas y asoma con algunas acciones que no han logrado impactar ni en imagen ni en resultados.
Esta semana, por ejemplo, el Gobierno asumió un banco recién quebrado y lo comenzó a operar como propio, en un giro fundamental en el esquema conceptual que ha caracterizado a este país. Incluso, se ha anunciado una política de devolución de ahorros sin que se sepa a ciencia cierta si estos recursos van a poder ser recuperados por el Gobierno Federal.
Y, paralelamente, en una situación que se ha vuelto ya recurrente, el domingo fue de un fuerte movimiento en Washington, donde el presidente Bush encargó a la Reserva Federal la elaboración de un proyecto de ley para que el Gobierno le lance un salvavidas a las dos principales empresas del sector inmobiliario, que de lo contrario encaran el dilema de la quiebra.
No está claro que el proyecto quede listo a tiempo, y menos aún que sea aprobado por el Congreso, controlado ahora por los demócratas. Pero, sí es seguro que si ambas empresas salen del negocio, el efecto en materia de empleo será impactante.
Eso sin tomar en cuenta que la crisis ha estallado precisamente por la imposibilidad de millones de familias de cumplir con los compromisos asumidos en el mercado crediticio, donde se han denunciado problemas de sobreprecios en viviendas, y créditos fraudulentos.
La situación se torna más complicada en tanto la gente cada vez tiene menos confianza en que el Gobierno pueda revertir la crisis, que para el caso tiene otra saliente: la de los altos precios de los granos básicos, que paradójicamente se producen en gran escala en Estados Unidos, pero no llegan en condiciones favorables a sus consumidores.
Estos elementos explican en mucho la fuerte caída que ha tenido el dólar frente a la moneda europea en las últimas semanas, tendencia que no parece tener, ni encontrar siquiera un factor de amortiguamiento.
En el caso costarricense, lo más grave de todo esto es que la mayor parte de las exportaciones van al mercado estadounidense, y no muchas de ellas constituyen productos de primera necesidad. De manera que podríamos enfrentar un efecto muy directo, que ya de por sí se siente en alguna medida en una baja en las nuevas inversiones.
Ante ello, el gran reto sigue siendo el de mantener el nivel de actividad comercial, aunque en el mediano plazo se confirma la diversificación de los mercados como la única alternativa segura para el país.
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