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>>OPINIÓNSan José, Costa Rica, Martes 22 de julio de 2008, 02:13:15.


Editorial

Hora de definiciones

Después de muchos años de parálisis en el proceso, la Organización Mundial de Comercio (OMC) enfrenta una intensa hora de definiciones sobre el tema de la liberalización comercial.

Por estos días, el director general de la OMC, Pascal Lamy, intenta salvar la Ronda de Doha, previamente conocida como la Ronda Agrícola, que ha enfrentado serias trabas sobre todo por las posiciones intransigentes de los países desarrollados.

Estas negociaciones arrancaron desde 2001, y tienen como objetivo liberalizar el comercio mundial entre los 153 países que forman parte de la OMC, como un instrumento que permita el desarrollo de los menos favorecidos desde el punto de vista económico.

Para eso ha citado a más de 30 ministros de Comercio, a fin de sondear salidas en la discusión de los temas más polémicos. Pero sin una idea clara de cómo romper el hasta ahora muy sólido bloque europeo.

Y es que los países del viejo continente se han caracterizado por un interés de sacar tanto provecho como puedan de su intercambio con otras naciones, mientras al mismo tiempo quieren seguir protegiendo a sus ex colonias. Está claro que aquí hay un problema de conciencia, toda vez que después de llevarse la riqueza de esos países, especialmente de islas del Pacífico y del Caribe, ahora los europeos tratan de lavarse la cara, dándoles algunas “ventajas” en materia comercial.

Quizá esos países merezcan algún reconocimiento de parte de la Unión Europea. Pero este no puede ir en perjuicio del resto de las naciones del orbe, que no tienen ninguna responsabilidad en el problema.

Eso es lo que no han entendido los europeos, a los que se suman los estadounidenses, muy reacios a revisar el tema de los aranceles a los granos básicos. De hecho, ambos bloques han tenido fuertes diferencias por estos mismos temas.

La OMC, entretanto, no ha sido capaz de forzar una salida al conflicto, porque como toda organización multilateral, requiere del concurso de todos sus miembros para tomar decisiones. Y aunque en casos particulares ha fallado ya tanto en contra de Europa como en contra de Estados Unidos, lo cierto del caso es que no tiene una posición sólida en lo que hace.

Siete años para tratar de resolver una negociación es demasiado tiempo si se tiene voluntad para sacarla adelante. Es obvio, por tanto, que en este proceso no ha habido esa indispensable voluntad.

La OMC debería, sí, exhibir a los países que ponen trabas al proceso, porque es tiempo de terminar, de una vez por todas, las discusiones y dar paso a un escenario de apertura bajo reglas claras y universales.

Bajo esa premisa, cada uno de los países miembros sabrá exactamente a qué atenerse y podrá desarrollar políticas productivas internas conforme con ese nuevo mapa, en el que nadie podría utilizar los mecanismos fiscales como instrumentos de bloqueo al comercio. Pero, sobre todo, ningún país, por grande que sea, podrá utilizar su posición para limitar a otro, por más pequeño que sea.

En aras de la transparencia del mercado mundial, es hora de definiciones claras.





 



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