Editorial
Señalización invisible
Sin obviar, de ninguna manera, la indignación que produce la muerte de una persona en circunstancias como las del múltiple accidente de tránsito ocurrido el jueves pasado sobre la autopista entre San José y Alajuela, objetivamente hay que volver a poner sobre el tapete el tema de la actuación irresponsable de las instituciones públicas, y las consecuencias que pueden derivar de ello.
Desde hace muchos años, las autoridades del Ministerio de Obras Públicas y Transportes decidieron ajustar a sus propios intereses, toda la lógica alrededor de la infraestructura vial. Esa ha sido la constante, para no encarar la responsabilidad de hacer las cosas bien.
Así, son comunes las reducciones de los carriles, supuestamente para hacer más eficiente el uso de las calles. Pero también esa práctica ha sido común para ahorrar asfalto, pues las reparaciones, al parecer, salen más baratas.
Las intersecciones en las autopistas son forzados en tramos cortos para reducir el costo de las expropiaciones, aunque eso se traduzca en mayor riesgo para quienes utilizan esas vías.
En ciertos lugares, los puentes son menos anchos que la carretera, de manera que tres carriles se reducen a dos en algunos puntos, o dos carriles se reducen a uno, en otros puntos.
Al mismo tiempo, el país ha dejado de invertir lo necesario en señalización. El problema quizá va más allá del MOPT, pues comenzó con la eliminación de aquellas viejas placas que en los diferentes centros de población identificaban por nombre y número las calles y avenidas.
Pero esa argumentación nunca puede dar pie para justificar que hayamos llegado a un punto en que ya nadie se preocupa por la señalización de las calles.
Es inaceptable que se pretenda que la gente se guíe a pura memoria, porque esto supone la obligación de que todos los conductores se conozcan de memoria las vías por las que circulan, o lleven consigo a alguien que lo sepa.
Ningún país civilizado y serio se puede dar ese lujo. Las instituciones del Gobierno deben encontrar respuestas a este problema, y de manera urgente. Un accidente como el del pasado jueves, que aunque termina en una imprudencia fenomenal de un conductor comienza con su lanzamiento a una trampa, por esa falta de acción de las entidades públicas. Y sí: es molesto que en un caso como este encontremos justificaciones que pudieran salvar responsabilidades cuando hay una vida humana de por medio.
Pero, si algo hay que sacar de lo que sucedió, es ese sentido de responsabilidad que nos ha faltado, pero que es urgentemente necesario para resolver el problema de fondo. El dinero que se deba invertir en señalización, debe ser invertido, y con carácter prioritario por sobre algunos otros gastos del Gobierno. Y si los ladrones se roban las señales, se les debe castigar, al tiempo que se deben colocar nuevas señales. Por cierto que, es imposible robarse una señal pintada en una calle.
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