Editorial
Petróleo y especulación
El mundo ha asistido en los últimos meses a un espectáculo que, pese a las serias implicaciones que tiene, no ha merecido la atención del caso. Se trata de la escalada sin precedente en los precios del petróleo.
Hace no muy pocos años, cuando se presentaban cambios bruscos hacia arriba en las cotizaciones, se decía que los movimientos estaban justificados en los riesgos de guerra en el Medio Oriente. Y eso que, si acaso, se llegaba a duplicar el precio, que para entonces, se ubicaba alrededor de entre 22 y 26 dólares.
Hoy, sin embargo, no hay tal riesgo de guerra. Al menos no mayor a lo que se puede esperar todos los días. Pero los precios han llegado a máximos históricos, por encima de los 130 dólares el barril.
Lo más curioso, pese a todo, no es eso. Es que cuando se le pregunta a los se supone expertos sobre las razones para tal situación, nos introducen un nuevo concepto, a falta de elementos para explicar el problema: la bursatilización del petróleo.
¡Increíble! Ahora resulta que el petróleo, pese al uso que tiene, es visto en el mercado como, por el ejemplo, el oro. Y desde esa perspectiva, se asume que tiene valores más allá de cualquier imaginación.
Este es un tema que exige análisis. Se sabe que los nuevos millonarios rusos han aparecido en el escenario justo después de la caída del comunismo. Y han amasado sus fortunas a partir del negocio del petróleo, gracias a los grandes campos de exploración que hoy están en manos de particulares.
Por otro lado, se ha documentado una práctica de la República Popular de China, en el sentido de comprar petróleo para almacenar, a fin de tener grandes reservas para el futuro.
Sobre ninguna de las dos situaciones ha habido una acción clara, pese a que de momento no parece viable la sustitución de los derivados del petróleo por otras fuentes energéticas. Al menos no en el tanto su costo sea mayor y la disponibilidad de materias primas no esté acorde con la demanda.
Si bien algunos países han planteado la conveniencia de que la Organización de Naciones Unidas (ONU) analice el problema, la verdad es que esa entidad no ha demostrado ser determinante en la solución de los conflictos más recientes a nivel internacional. Más bien, se ha limitado a administrarlos.
Nos parece que son directamente los gobiernos los que deben revisar el tema, y que los países productores deben entender, de una vez por todas, que no van hacia ninguna parte con la política actual. Si no lo creen, pueden ponerle atención a países como Venezuela y México, que no han mejorado su condición económica general pese al fuerte incremento en los ingresos por las ventas de petróleo. Si al menos hubiese un avance allí, pues se podría justificar al menos parcialmente la situación actual. Lo grave es que, además, han aparecido en escena los cuestionables intermediarios, que están presionando el mercado bajo criterios oportunistas que nada tienen que ver con la satisfacción de las necesidades de la población. Allí es donde se entiende, entonces, que este es un escenario de especulación.
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