Fundada en los tiempos cuando un país básicamente agricultor como el nuestro, no tenía la posible seria amenaza de una escasez de productos agrícolas.

De dichos y otros pienses
por Ricardo Dávila B.
qdDg.
Lo viejo guarda lo nuevo
Nuestros más recientes antepasados,
como les relataba en esta columna,
llevaban vida tan pobre y estrecha,
que sus prendas remendadas eran
moneda corriente.
Estrenar prendas nuevas, además
de significarles un sacrficio, era
para ellos motivo de alegría inmensa
y orgullo ostentoso.
Es por esta razón que no debemos
extrañarnos, que tuvieran ciertas
prendas muy cuidadas y reservadas
únicamente únicamente para
“DOMINGUEAR”, y como sus
pies siempre andaban descalzos,
un par de zapatos eran inversión de
lujo para usarlos en ocasiones de
fiestas de guardar o venir a la
capital.
Mi amigo Chano, cuando murió,
dejó su tesoro de cordobán unos
“Turrialbas”, casi nuevos, comprados
treinta años atrás, sin una sola
compostura.
¡Aunque usted no lo crea!
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