Fundada en los tiempos cuando Costa Rica no ocupaba el primer lugar por el azote del asma, con un elevado porcentaje de 500 mil niños y adultos padeciéndola.

De dichos y otros pienses
por Ricardo Dávila B.
qdDg.
No almorzar a las diez
Si nos atenemos a las estadísticas
de población, un noventa por ciento de las personas mayores de cuarenta años, se vineron del campo a la
ciudad.
Y si comenzamos a valorar cierto
orgullito tonto de este campesino
mezcla de “concho’ y “pachuco”,
encontraremos a un “maicero” con
ínfulas de “avivato” estilo Sandrini.
Y ya pasando a revisar las listas de
los delincuentes que poblan las
cárceles del país, allí lo volveremos
a encontrar, producto de la adaptación al medio que le tocó vivir, sea los
precarios y cinturones de miseria,
que le recibieron cuando llegó con
sus padres por primera vez.
Pues bien, no podría ser de otra
manera. Este campesinito metido
a citadino inventó el “el yo almuerzo
a las diez”, para borrarse el lustro de
campirano que le delata todavía.
¿Los conoce usted? ¡Ya lo creo!
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