Editorial
Transición en el CON
Después de 23 años en la presidencia del Comité Olímpico Nacional (CON), el lunes pasado marcó el fin de la era de Jorge Nery Carvajal en esa organización.
Aunque mantiene su participación en los órganos internacionales a los que tuvo acceso por estar al frente del Comité, como es el caso de la Organización Deportiva Panamericana (Odepa), ya no tendrá una injerencia directa en la conducción de la entidad a nivel nacional.
Sin embargo, la salida de Carvajal no es para pensar en que todo está resuelto. Debemos recordar que muchos de los dirigentes que iniciaron un movimiento contra el ahora ex presidente del CON compartieron responsabilidades y llegaron a participar de muchos de los actos que luego cuestionaron, cuando ya no estaban cómodos en ese escenario.
Este solo hecho hace ver que, en el fondo, a algunos no les molestaban los hechos en sí, sino el que Carvajal siguiese teniendo el poder.
Desde esa perspectiva es que no anticipamos un cambio sustancial en la posición del Comité respecto del deporte costarricense. Está claro, en todo caso, que tradicionalmente esa entidad no se ocupa de la preparación de los atletas. De hecho, casi solo se limita a tramitar las participaciones internacionales de los atletas en las competencias que forman parte del llamado ciclo olímpico.
Esa es una de las cosas que deberían cambiar aquellos que ahora llegan a la alta dirigencia del CON. Si bien las federaciones y asociaciones deben seguir teniendo un rol protagónico en la preparación de los deportistas, y si bien el Estado debería contribuir al financiamiento de esa preparación, es indispensable que el olimpismo como tal asuma algún grado de responsabilidad en este asunto.
Está claro que si no se pasa por el CON no se puede aspirar a estar en las competencias del ciclo. Pero esa especie de pasaporte no lo es todo. Incluso, es oportuno recordar que las marcas en las disciplinas individuales, las tienen que conseguir los atletas. Y en las disciplinas colectivas, la responsabilidad de los torneos previos recae sobre las federaciones.
Entonces, al final el CON da una especie de visado, como dando a entender que se han cumplido los requisitos. Pero eso es poco en comparación con lo que realmente necesita un atleta para competir a ese nivel.
Los nuevos dirigentes, tanto los que entraron el lunes como los que vayan a quedar después del transitorio plazo de los tres meses establecido para la elección de un cuerpo ejecutivo permanente, deben mentalizarse en esa dirección.
La visión del Comité debe cambiar, para asumir un rol más activo, más completo.
Las disputas entre el CON y las federaciones, lo mismo que con el Consejo Nacional de Deportes deben cesar. Y aquella vieja idea de que el Gobierno solo debe poner la plata para lo que se ofrezca en el interés del Comité, debe ser desterrada.
Si no se trabaja en conjunto, no habrá bien alguno para el país, a pesar de que esto último es en realidad lo único que debería importar.
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