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>>ABANICOSan José, Costa Rica, Jueves 29 de mayo de 2008, 14:31:57.


LA RONDA DE LOS LIBROS

Alfonso Chase

Una pasión y dos quijotes
Don Quijote de la Mancha y Agustín Lara
Beila Zider
Euned 2007

Bien hace Beila Zider (1947) en darle a este libro algo así como una propuesta de “cabalgar el paralelismo del amor pentagramado”, pues la unión de dos Quijotes, a ritmo de bolero, no resulta ni un gesto extravagante ni una verdad dogmática, sino un recorrido por los diversos rostros del amor, prosa y poesía, que manejaron al través de su obra tan extraordinarios autores. Puede ser, conforme uno lo va leyendo, en el disfrute de las ideas de Zider, que sus propuestas y análisis de las musas podrían ser imaginarias, pero existen como residuo maravilloso del objeto amatorio, en la verdad de que Dulcinea del Toboso sea la mera invención de una rústica moza o que, en el caso de Agustín Lara, estuviera clamando en sus versos por una mujer imaginaria, aunque él quisiera verla encarnada en algunas de sus mujeres o amantes. Mucho aporta Beila Zider para conocer e interpretar el amor en la producción literaria de ambos autores, uno casi un monstruo de creatividad, el otro un poeta, lo era en verdad, con el cansino lamento, bello pero a veces inútil, de celebrar a sus musas con el más alto valor evocativo, inmortalizándolas, tal como sucede en algunas de sus canciones, eternas, creo yo, como la figura de Aldoza Lorenzo convertida en dueña de corazones y moza bella entre las bellas.

Muy hermoso el transcurrir del libro, que no es un ensayo propiamente dicho, sino un desvarío literario, inteligente y amoroso, sobre dos figuras capitales de nuestra imaginación romántica, secta a la que de seguro pertenece la autora, pues el mismo discurrir del texto lo convierte en una especie de melodía, capaz de capturar y cautivar nuestro interés en un asunto desbocado, pero analizado de una manera muy ingeniosa, en ritmo de bolero por supuesto, y con notables hallazgos de un talento que va más allá de la simple enunciación de ideas. Del unívoco amor de don Quijote pasamos a la plenitud de amores de Lara, en ese su peregrinaje por el amor agraciado y desgraciado, sustento de toda su obra, que es copiosa y lírica y el hilo romántico que une a los autores personajes analizados, que roza la cursilería, o el egotismo altivo, pero que escapa a estos cuando nos enfrentamos al texto.

Indudablemente el amor, en ambos autores, tiene mucho de trovatorio y caballeresco, como que proviene de sagas vitales, donde la locura casi bordea la sensatez exasperada, de amar por amar, aunque el objeto, cercano o lejano, queda a disposición del autor, y del lector, en ese mundo en donde lo hispánico tiene el eco espléndido del paisaje externo y la plenitud de un alma desbordada.

Un acierto la inclusión de textos de los dos autores y personajes, pues le permite a la escritora establecer coincidencias y divergencias que, sin embargo, se llevan a un asunto común: el papel de la mujer amada como sustento a una visión de mundo, al que separan el tiempo y el espacio, pero que los hace converger en la lectura que se propone en ese modelo de identidad masculina, para sentir, vivir y observar el comportamiento femenino como sustrato literario. No importa que no sean comprendidos por sus contemporáneos, en sus desvaríos amorosos, pues de eso está llena la literatura de caballería, pero les permite la plena realización en la obra de arte, a ellos, y a nuestra autora en su propuesta de lectura, que se sustenta en la visión de don Quijote por Cervantes y Agustín por Agustín, cerebros privilegiados, honestos y bien intencionados, como se afirma en todo el texto.

Un libro que no solo entretiene, o deleita, sino que nos permite entrar a una propuesta de lectura que, por abierta, nos da múltiples interpretaciones, todas centradas en la realidad de cómo por el amor los seres humanos se convierten en quijotes.

La autora, de prosa fina y elegante, destroza cualquier significado que nos proponga la soledad maniática de todos los diccionarios, incluido el Corominas, tan útil pero tan desapasionado, allí donde lo cursi se convierte en utopía romántica o en la pasión de ser en la escritura.


La historia de Cornelius Brown
Carlos Alvarado Quesada
Editorial Costa Rica 2007
Premio joven creación 2006

La obra literaria de Carlos Alvarado (San José, 1980) es breve, de acuerdo a lo que indica su biografía, pero estamos aquí ante una auténtica novela de formación que nos remite a lecturas y coincidencias, para dar forma a una personalidad literaria de indudable proyección hacia el futuro. Puede ser la historia de cualquier persona joven, ante las bocanadas de vida que absorbe para sobrevivir, en un mundo constreñido, a veces aburrido, pero lleno de detalles que el autor sabe escoger, como material literario, para darle forma y estructura a partir de un ego adormilado a veces, otras más activo, pero siempre alerta a lo que ocurre. No es sólo la historia de Cornelius Brown, este escritor falsamente exitoso, punto de partida y cierre de una cultura aldeana, que despierta las furias del narrador sino, también, la de un ambiente en el cual los ídolos pequeños constelan el desarrollo del arte, yuppies de conferencia en conferencia, analizados con particular dureza por el autor de la narración y que nos permite encontrar algo que siempre aflora: la envidia, los intercambios simbólicos de una sociedad en decadencia, en donde los detalles cuentan para dar forma a la narración, toda repartida en mini-capítulos, que son entradas y salidas para esa historia de un observante, que toma como pretexto a un autor representativo del mundillo que leemos. Todo esto contado de manera muy verosímil, dándole a cada estructura narrativa su propia independencia, como en un rompecabezas donde lo que menos importa es la historia del tal Cornelius Brown, tan oscuro, realmente, como su apellido. La importancia de Alvarado como narrador reside en su ingenio, en el espíritu de observación, en su despiadado sentido del humor al observarse a sí mismo en el juego de reflejarse, establecer distancia y arrastrar, como una lata de sardinas por el suelo, al odioso y patético Brown que lentamente se va convirtiendo en el mismo que escribe la historia, según puede irse observando. El marco referencial de la novela es el ir desplegando la historia en esos 23 marcos capitulares en los cuales se escribe la narración fragmentaria, pero completada por los detalles, la idea de que la literatura, además de los trucos narrativos es la muestra de una existencia signada por la controversia, natural manera del enfoque del mundillo cultural, aquí y en cualquier país del mundo.

Me interesa el aporte que puede dar a una ruptura entre la narrativa tradicional, que se ha venido haciendo desde hace unas tres décadas, y lo que Alvarado descubre en el acto de escribir, desaforado y claro, que no es otra cosa que un humor una sátira social que incluye al escribiente, su entorno, sus conflictivas relaciones, sus perversiones ociosas y al hecho de que, estando al margen, su sueño es el ser coronado en esas veladas de escuela que resultan los concursos literarios, donde los amigos, o los enemigos, definen a los ganadores. Dada la vertiginosa proyección de la escritura los personajes son apenas construidos, en esa lucha soterrada entre el autor, el personaje y el mítico Cornelius Brown -¿Será negro y todo es producto de una alucinación xenófoba del autor?- pues nadie con ese nombre, al menos en Costa Rica, podría alcanzar el trono literario al que todos aspiran al escribir, pintar, danzar y por eso, ahora, el toque étnico es tan importante en el mundo cultural del país.

La novela se lee a gusto y de un sólo tirón, a pesar de los notables cambios en las situaciones, algunas extravagantes, pero que forman parte de la trama, incluidas las relaciones amorosas con mujeres, imaginarias o reales, y la presencia del tal Cornelius Brown que termina tirado al cajón de los objetos inservibles, tal parece, convertido, eso se trasluce, en el sujeto-objeto de su último interés, que es la novela fragmentaria que terminamos de leer. Un interesante experimento narrativo, como ya dijimos: ingenioso, bien construido, tal como el autor lo propone: espacio perdido o a recobrar por medio de las palabras. Y en los otros libros que de seguro Alvarado tiene en preparación.


La carretera
Corman Mc Carthy
Editorial Mandadori 2008

Corman McCarthy (1933) está considerado uno de los mayores escritores norteamericanos de nuestro tiempo, labor por la cual ha recibido muchos galardones, cuyas traducciones han llegado con retraso a nuestro idioma, pero le han dado una justa reputación que se confirma con esta obra, cambio muy perceptible en su estilo y en su manera de narrar y por la cual obtuvo el prestigioso Premio Pulitzer en el 2007.

La novela es una obra que se aparta de lo convencional y nos retrae a la antigua manera de hacer ficción, en este caso novedosa, sobre temas propios de Estados Unidos, pero que tiene relación, concomitante, con los primeros libros de ciencia ficción editados en ese país, que como las obras de McCarthy se convirtieron en clásicos del género. Como todas las otras obras del autor es una forma inquietante de conmovernos y luce solitaria en su trayectoria como novelística, lo que realza su esplendor como joya de la literatura actual. Está siempre esa visión espectacular del páramo como protagonista de la historia, con vida propia, aunque esté determinado por las cosas que allí suceden y los seres que se integran al de esta obra, que es una especie de metáfora de algo que al haber ocurrido ya, nos une al presente, el pasado y el futuro, como en la obra “Tierra Baldía”, de T.S. Eliot, emblemático texto de la decadencia de una cultura.

La capacidad descriptiva de la narración nos permite penetrar en la relación padre e hijo, presuntos sobrevivientes de un cataclismo y la carretera, árida y simbólica, que llama a un viaje a alguna o ninguna parte, todo esto descrito, no solo contado, con elementos de un afuera que muestra lo que ocurre adentro de los seres, innomidos al principio, más reales y existentes luego.

A diferencia de sus otras obras, esta es en verdad un ejercicio de estilo donde el lenguaje cumple su papel como protagonista, aunque se muestra elusivo, oscuro, palpitante, aún en esta traducción enervante.

La carretera es un símbolo en la que la narración agota su significado, pero solo vale el caminar del padre con su hijo, más los diálogos extraordinarios que se dan al descampado y que concluyen con la muerte del hombre y el sentido de la incorporación del niño a otro grupo gregario.

Con un tema tan complejo la prosa es límpida. Llena de sugerencias que van desde el monólogo metafísico hasta la simple conversación sobre lo que ha pasado en el mundo, en ese antes que se repite muchas veces, pero que ahora es el pasado. Lo que importa en esta obra es su relevancia simbólica, la riqueza del lenguaje, la penetración en el espíritu de los seres ante una catástrofe inédita.

El Premio Pulitzer ha reconocido una obra soberbia, extraña, que resume las otras de Cormac McCarthy, ese eremita de la literatura norteamericana actual, que hace aquí una obra de anticipación, según puede percibirse en el entorno de todo lo que el autor construye.

Una especie de puesta en escena de la infancia del padre y la tragedia del hijo en su soledad advertida. Un libro hermosamente triste, camina entre bosques casi destruidos, en esa relación naturaleza-colapso-humanidad, que pareciera ser ahora el norte literario de este autor tan celebrado.





 



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