Editorial
Semana de Seguridad Vial
Con menos realce que en otros años, se celebra en el país la Semana de la Seguridad Vial. En LA PRENSA LIBRE no solemos hacernos eco de este tipo de celebraciones en espacios como este, porque consideramos que normalmente se refieren a temas que deben ocupar permanentemente la atención de todos los ciudadanos.
El giro es consecuencia de un cambio sostenido que hemos venido observando en la actitud de los conductores, que cada vez hacen menos caso a las reglas de tránsito.
Basta ubicarse en cualquier carretera de este país para observar como ya cada quien le da su propia interpretación a las señales de tránsito, como si esas vías no fuesen compartidas entre todos.
Son recurrentes los casos de vehículos estacionados en cualquier punto, independientemente del grado de seguridad o riesgo que este represente para los usuarios de la vía.
Pero también, cada vez son más los conductores especialmente de motocicletas- que simplemente ignoran las señales de tránsito. Ya no se detienen frente a una luz roja del semáforo, a pesar del riesgo que esa actitud supone no solo para ellos, sino para los otros conductores y para los mismos
peatones.
No tenemos una estadística que refleje la magnitud del problema que apuntamos. Pero es seguro que genera una alta incidencia de accidentes.
Pareciera que los costarricenses tendemos a pensar que somos indestructibles y por tanto, nada nos puede pasar. Porque todos los días los medios de comunicación reportamos casos de muertes ocurridas en las carreteras de nuestro país, pero esto no produce ningún cambio en la actitud frente al
riesgo que supone colocarse al frente del volante.
Lo otro podría ser que se piense que solo los otros son sujetos de sufrir accidentes. “Eso no me va a pasar a mí”, es la frase predilecta de muchos de esos que no respetan nada cuando están conduciendo.
Y lo peor del caso es que hay quienes creen que solo se debe poner atención a estos asuntos cuando la Policía de Tránsito realiza operativos en los que se podría ser susceptible a una multa. Esto no es otra cosa que tratar de evadir la sanción, pero sin pensar objetivamente en la necesidad de evitar los accidentes.
Es un asunto de responsabilidad individual de cada conductor o peatón y de cualquiera de estos frente a la colectividad. Porque nos sorprendemos de repente al ver las cifras de homicidios a mano armada que se producen por estos tiempos en el país, pero no acatamos a entender que en las carreteras muere aún más gente por las imprudencias de los conductores; de esos conductores que son personas comunes y corrientes, por cuyas mentes no pasan ni pensamientos homicidas ni suicidas, pero por cuyas mentes, por lo visto, tampoco pasan criterios de sentido común y de responsabilidad.
El cambio debe ejercitarse ya y es responsabilidad de cada persona. Unos minutos que, eventualmente, se pudiese ganar un conductor, no justifican que ponga en riesgo su propia vida ni la de los demás, como unos colones que se ahorre en mantenimiento de su vehículo no puede justificar, tampoco, una vida humana.
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