Editorial
¿Servicio u orgullo?
El ex diputado y ex candidato presidencial Antonio Álvarez Desanti anunció el pasado jueves su determinación de apoyar, en el proceso interno del Partido Liberación Nacional, a Laura Chinchilla en la aspiración que tiene de alcanzar la candidatura presidencial de cara a las elecciones de febrero de 2010.
Álvarez Desanti dijo a los medios de comunicación que había tomado la decisión después de conversar tanto con Chinchilla como con los otros dos aspirantes, el ex ministro de Seguridad Pública, Fernando Berrocal, y el alcalde de San José, Johnny Araya.
Hasta allí, todo suena bien. Porque queda la sensación de que Álvarez se apuntó por el planteamiento que le parece más ajustado a un criterio de desarrollo para el país.
Pero, tras tan solo hacer ese apunte, hay que recordar, forzosamente, que Chinchilla viene del arismo, al que se apuntó en los últimos años, y que las diferencias con ese mismo arismo fueron las que llevaron a Álvarez Desanti a abandonar las filas de Liberación Nacional de cara a las elecciones de 2006. De hecho, en aquel momento llegó a verse más cercano a otros grupos políticos que a la misma agrupación verdiblanca.
Y lo segundo es que el apoyo a Chinchilla llega resultado de que no puede plantear su propia precandidatura, toda vez que los estatutos del partido lo impiden al establecer una militancia continua previa de al menos cuatro años en la agrupación.
Más allá de constituirse este en un simple dato anecdótico, la realidad es que Álvarez Desanti ya está pensando en la campaña para las elecciones de 2014. Si alguien lo duda, debe ponerle atención a su propia manifestación, en el sentido de que no aspirará a ningún cargo de elección popular como diputado o vicepresidente, pues siempre ha dicho que quiere ser presidente.
En política, no muchas veces se tiene ese grado de claridad al hablar. Por ello es destacable la afirmación que recogemos aquí. Pero, al mismo tiempo, deja una sensación extraña, porque en el fondo, lo que Álvarez Desanti está diciendo es que solo acepta ser presidente de este país.
Una manifestación de esa naturaleza abre grandes signos de interrogación alrededor de la forma en que este hombre ve su participación política, porque ya no admite puntos intermedios. Su meta es la presidencia, y no está dispuesto a servir al país en ningún otro frente que no sea la silla presidencial.
Es cierto que ya fue diputado y ya fue ministro. Pero si ese fuese el criterio para no aceptar otra participación a ese nivel, la verdad es que tampoco podría aspirar a postular su nombre para la presidencia, porque ya fue precandidato en Liberación Nacional y perdió, amén de que ya fue candidato con su propia agrupación, y también perdió.
Siempre se ha dicho que la política deja espacio para todo. Pero en este caso, las manifestaciones de Álvarez Desanti lo que han dejado son amplios espacios para las preguntas.
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