Editorial
País de complicaciones
Costa Rica es, en definitiva, el país de las complicaciones. Y pareciera que cada vez somos menos capaces de entender las implicaciones de esa situación, al grado de que rebuscamos cuanto mecanismo pueda surgir por allí para evitar hacer las cosas.
En el pasado el gran temor que se externaba a la hora de impedir que las cosas se hicieran era el de que alguien pudiese hacer un negocio particular con los recursos del Estado.
Lo malo es que, igual, algunos terminaron haciendo mucho dinero con proyectos de desarrollo que nunca se llevaron a cabo, y que hoy el país necesita más que nunca. Proyectos todos que hubiesen implicado un mayor nivel de desarrollo; especialmente aquellos referidos a obras viales, pero que hoy en día nos tienen en una especie de parálisis. Ahora, la moda es el tema ambiental. No dudamos que haya personas realmente preocupadas por la conservación de los recursos naturales. Pero ciertamente, muchos de los que hoy alzan sus voces, lo hacen gracias al financiamiento que reciben de organizaciones no gubernamentales de esas que han aparecido en todo el mundo, y que disfrutan fondos de programas de cooperación.
A partir de ese discurso, han ganado adeptos en diferentes niveles. En el fondo, no está mal que el tema esté en el tapete y menos aún, que se valoren correctamente los aspectos ambientales. Lo que pasa es que si no hay una verdadera conciencia al respecto, al final se cae en una especie de frenar el desarrollo. Y eso también es malo para un país.
Satanizar los proyectos de desarrollo bajo argumentos de defensa del ambiente, no es sano. Se deben, por tanto, establecer reglas claras, que sean respetadas por todas las partes, entendiendo que no se trata de evitar el desarrollo, sino el daño al medio ambiente.
El tema ha cobrado en los últimos días otro matiz, a propósito de un proyecto de Ley que impulsa el diputado José Merino del Río, con el que se busca que sea obligatorio consultar a las comunidades involucradas en torno a cualquier proyecto que pueda impactar el medio ambiente.
En teoría, el plan suena muy bien. Sería, por así decirlo, una ampliación del sistema democrático, fomentado la participación. Pero, en la realidad, es muy difícil garantizar eso, y menos aún se podrá asegurar que realmente en esto no medien otros intereses. Porque, a razón de ser sinceros, es común que surjan grupos de presión interesados en frenar los proyectos de infraestructura, solo por frenarlos.
Hace algunos años, el país vivió una amplia discusión cuando se planteó el proyecto para construir la carretera Braulio Carrillo, que pasa justo por el Parque Nacional del mismo nombre. Y se alegaba que esa vía causaría enormes daños a los ecosistemas de la región. Pero, hoy, 21 añosa después de que se comenzó a utilizar la carretera, la gran mayoría de personas que se han visto beneficiadas con ella, son testigos de que esa vía ha tenido un impacto positivo mucho mayor al que se haya podido dar si es que se dio- en un sentido negativo. El solo hecho de “acercar” al caribe al centro, recortando el tiempo de transporte, ha sido fundamental. Este, es solo un ejemplo de lo que apuntamos.
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