Editorial
Pobre episodio
La visita del presidente de la República Popular de China, Hu Jintao, se constituyó en una oportunidad propicia para ver como en este país, nuestros dirigentes políticos pueden asumir actitudes camaleónicas.
En realidad no es cuestión de sorprenderse, porque la historia registra otras situaciones similares.
Los miembros del gabinete, enlistados cual cuadrilla militar, le rindieron tributo al visitante al presentarle sus saludos en la Casa Presidencial. Es una deferencia que no se ha tenido con otros presidentes que han visitado el país, incluso los más cercanos desde el punto de vista geográfico.
Está claro que hubo un esfuerzo extra por quedar bien con el visitante, que llegó por primera vez a una región donde hasta hace poco tiempo no tenía aliados.
El presidente de la República, Óscar Arias Sánchez, se apresuró a dejar de lado el tema del sostenido irrespeto a los derechos humanos en China, propiciado por un régimen que si bien se ha abierto a la inversión extranjera y desde esa perspectiva practica una especie de capitalismo reformado, aunque siguen siendo un régimen comunista.
Ha sido la práctica recurrente de los Gobiernos que ven en el Gigante Asiático una importante alternativa comercial.
Una mención aparte merecen las situaciones que se presentaron en la Asamblea Legislativa, a propósito de la visita del mandatario chino. En primer lugar, no se escucharon críticas de parte de los diputados al régimen de aquel país, ni aún entre aquellos legisladores que suelen ser muy quisquillosos en torno al manejo de los asuntos de Estado.
Y, en segundo lugar, en ese afán de quedar bien con la delegación visitante, el tema llegó al Plenario por la tarde. Allí, se dio uno de los capítulos más tristes entre una infinidad de hechos censurables que se han registrado en el principal salón de sesiones del Congreso.
La diputada Edine Von Herold, una de las más nuevas en la Asamblea Legislativa, pronunció uno de esos discursos que solo pueden dar lástima, por su nulo contenido y por la suerte de cuasi alabanzas para con el mandatario chino, que encabeza nada más y nada menos que uno de los regímenes que más violan los derechos humanos.
La legisladora no tuvo ni siquiera el cuidado de elaborar su propio documento, sino que se limitó a conseguir un viejo currículum del mandatario chino, que leyó como si se tratara del mejor de los discursos.
Llegó a decir cosas como que “Hu propone la creación de una sociedad armoniosa, que tiene por objeto reducir la desigualdad, mejorar la contaminación en el área urbana y apoyar políticas para mejorar el medio ambiente y medidas de regulación macroeconómicas”, para agregar que “forma parte de la cuarta generación de liderazgo, elegido por Deng por sus habilidades políticas. Su sucesión se llevó a cabo, en forma ordenada, de manera civil, sin precedentes en la China Comunista de la Historia”.
Sobran las palabras ante semejante desaguisado de una legisladora novata que quiso figurar en el acta y, de qué manera.
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