Editorial
Reformas en tránsito
Es cierto que no siempre se queda bien con todos, al margen de lo que se haga. Pero, en ocasiones, se queda mal simplemente porque se hizo mal lo que había que hacer.
Es el caso del proyecto de Ley de Reformas a la Ley de Tránsito, que lleva más de dos años en la Asamblea Legislativa, y apenas esta semana recibió primer debate, en un contexto poco claro, por cierto. Porque, al final, se quiso acelerar tanto el trámite, que se forzó la votación, después de que se había perdido tanto tiempo en el pasado, incluso por no tener el asunto en agenda en el Congreso.
Y, aunque todavía le falta camino por recorrer a la iniciativa y por ende no es aún ley de la República, ya hay elementos que causan un cierto escepticismo.
Por ejemplo, este proyecto introduce más de 200 reformas a diferentes artículos de la legislación actual, llegando prácticamente a superar el número de artículos vigentes.
Pero, los diputados no quisieron entrarle al asunto de una vez por todas, de manera que le dieran al país una nueva ley. El problema está en que cuando se hacen tantas reformas a una normativa, casi siempre se termina por introducir confusión y contradicciones, lo que al final requiere un nuevo esfuerzo normativo para tratar de poner orden en el ámbito correspondiente.
En el caso de la legislación de tránsito, es inconveniente correr el riesgo de ir en esa dirección, porque al final se puede perder mucho más tiempo, mientras algunas conductas inapropiadas de los conductores pueden seguir sin sanción.
Por otro lado, algunos artículos de la nueva ley lo que hacen es introducir extenso articulado adicional en la vieja normativa, y eso puede restarle uniformidad a las disposiciones.
Y, lo más grave de todo es que, al final, no se introdujeron algunas reformas que, a la luz de los hechos que se están dando en el país, deberían haberse planteado pata tratar, al menos, de castigar ciertas conductas.
No queda muy claro el argumento de quienes defendieron la tesis de que no era necesario introducir en el paquete de reformas una destinada a sancionar a aquellos conductores que tras atropellar a un peatón lo abandonen a su suerte, dándose a la fuga. Y vemos, entretanto, que es una conducta que se sigue repitiendo, justo como si esas víctimas no fueran seres humanos.
El otro tema es que, en la aplicación de las nuevas disposiciones, la Policía de Tránsito debe tener mucho cuidado. Porque es importante introducir medidas preventivas, antes de poner en práctica aquellos oscuros operativos semiencubiertos, destinados tan solo a aumentar el monto de los ingresos por concepto de multas a los conductores. Estos deben actuar con absoluta responsabilidad. Pero la policía no debe poner trampas a su paso con tal de confeccionar boletas, sino desarrollar acciones de prevención, que deben ir complementadas con fuertes medidas en materia de seguridad vial, comenzando por la señalización adecuada de todas las carreteras del país.
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