Fundada en los tiempos cuando en este humilde país no teníamos “super hoteles” de lujo en Guanacaste, característicos de los países ricos.

De dichos y otros pienses
por Ricardo Dávila B.
qdDg.
Una cosa es verla venir y otra hablar con ella
El que creó esta frase sabía muy
bien lo que quería decir para
interpretar un estado de ánimo en
el que, por lo general, todos los
individuos hemos estado en algún
momento de nuestras vidas.
Alardeamos de valientes por
ejemplo dentro del redondel de
toros mientras el bruto no haya
salido y nos sentimos a buen
recaudo, pero eso sí, cuando el toro aparece en la puerta del toril, con
sus patas delanteras de frente y sus quinientos kilos retumbando sobre
el piso de la plaza, entonces,
cuando pensábamos lucir nuestro coraje y valentía, nuestras piernas se
aflojan, nuestro estómago reclama
y la vejiga comienza a lloriquear,
y aunque las piernas no quieren
responder, viene en nuestro auxilio
la adredalina y en un santiamén,
sin casi darnos cuenta nos hemos
elevado tres metros y nos sentimos
a salvo en uno de los palcos.
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