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>>OPINIÓNSan José, Costa Rica, Miércoles 8 de octubre de 2008, 10:36:25.


Editorial

Reclamo absurdo

El ex ministro de Cultura, Juventud y Deportes, Guido Sáenz, formalizó ante la Sala Constitucional un recurso de amparo con el que busca evitar que se construya el nuevo Estadio Nacional en La Sabana.

Hay absurdos de absurdos, y este de don Guido le gana casi a todos. Es caer en lo ridículo, no está claro si con ánimo de figurar o con qué
objetivo. Lo cierto del caso es que se viene a obstaculizar un proyecto que se enmarca apenas dentro de un criterio de sustitución de una obra por otra. Es así porque ya en el lugar había otro estadio, que fue demolido para darle paso al nuevo. No se trata, pues de una idea de llegar ahora a quitarle espacio al Parque Metropolitano de La Sabana, que en todo caso, se construyó con posterioridad a la fecha en que levantó el viejo estadio.

El argumento dado por don Guido en el sentido de que los terrenos de La Sabana no admiten la construcción de inmuebles cerrados, no tiene sentido. Y la tesis de que es un escenario para el disfrute de los costarricenses, sin que se les pueda cobrar por ello, menos aún.

El mantenimiento de La Sabana cuesta mucho dinero, y eso entra dentro del presupuesto del Instituto Costarricense de Deporte y la Recreación. No cae del cielo, ni lo dejó quien donó los terrenos al Estado.

Pero además, en esos terrenos hay otras
construcciones que son cerradas. Paradójicamente, una de ellas, por decisión de don Guido Sáenz, siendo ministro de Cultura: el Museo de Arte Costarricense.

Y no está mal que ese Museo esté allí, como tampoco puede estar mal que el Estadio esté allí, y como no se podría considerar impropio que sigan allí el Gimnasio Nacional y los otros dos gimnasios construidos posteriormente en la zona, o las oficinas de una buena parte de las federaciones y asociaciones deportivas del país.

Son centros para la práctica y la promoción de diferentes deportes. Nada hay de malo en que el Estado contribuya de esa manera con esas causas.

El tema, sin embargo, nos parece que va en otra dirección que don Guido Sáenz no confiesa, y es ese desprecio que ha sentido desde hace mucho tiempo por los deportes y, particularmente por el fútbol, pues considera que no son expresiones de cultura.

Allí es donde está la verdadera discusión, que aquí no se encara de frente, y se busca frenar un proyecto necesario. Es un problema que resulta recurrente en nuestro país, toda vez que se buscan todo tipo de recursos legales y legalistas para impedir que ciertos proyectos se lleven a cabo, independientemente del impacto que pueden
tener para la sociedad como tal.

Por lo demás, resulta difícil de entender cómo puede haber ciudadanos con tanto tiempo disponible y con tanta imaginación como para hacer planteamientos del tipo de este con el que nos ha sorprendido don Guido Sáenz. Y más increíble aún resulta el que los magistrados de la Sala Constitucional se hayan tomado la molestia de darle trámite al asunto. Estos tribunales deberían estar para otras cosas.





 



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