Editorial
El otro “reality show”
Como seguramente habrá ocurrido en muchos otros lugares, el “reality” Latin American Idol, que recién terminó el jueves por la noche, generó en la Redacción de LA PRENSA LIBRE una amplia diversidad de reacciones.
Miércoles a miércoles, durante el programa, la actividad en varios frentes prácticamente se paralizaba a la espera de que María José Castillo, la representante costarricense en la trama, saliera a pista. Y el cuadro se repetía los jueves, ahora a la espera de saber si la nacional seguiría vigente en el programa o no.
María José era una completa desconocida hace apenas tres meses, antes de que arrancara el programa televisivo destinado a convertirla en toda una figura en el subcontinente latinoamericano.
Los cuadros de solidaridad y apoyo que marcaron las últimas semanas conforme el programa iba alcanzando su clímax, no parecen generar conclusiones muy claras alrededor de las motivaciones de cada uno.
Puede tratarse de un comportamiento propio de las masas, que suelen terminar actuando al unísono sin una conciencia clara de lo que pueda estar detrás de cada situación.
O más bien, ese apoyo puede explicarse en un nacionalismo que cobra matices muy especiales cuando se está frente a una competencia que involucra a participantes de otros países.
Puede que haya, también, una necesidad de la gente de creer en algo positivo, y por ello se termine impulsando de alguna manera a una persona hacia un triunfo en un escenario internacional.
Como se aprecia, las razones pueden ser diversas. Pero todo apunta a que, de la nada, se han llegado a impulsar importantes movimientos sociales.
Hay quienes han criticado que los costarricenses no se unen de la misma manera en torno a
causas de bien social. En ese escenario de crítica, hasta han surgido algunos que han llegado a lanzar retos en torno a asuntos que les puedan resultar de mayor interés.
Sin embargo, en honor a la verdad, mientras no se haga un análisis amplio y objetivo de todos los factores que pueden incidir en situaciones como las que nos trajo este show televisivo, pareciera aventurado hacer caer acusaciones sobre quienes se han dejado llevar por la emoción en estas semanas.
Después de todo, la emoción es parte inherente de la vida; una necesidad para las personas, muchas de las cuales quizá no tienen otras posibilidades de distracción o recreación.
Desde esa perspectiva, el simple hecho de generar niveles de participación como los que se dieron en nuestro país es ya un triunfo. Cierto que en algunos otros lugares incluso, Argentina, donde se realizaba el programa- la mayoría de la población ni siquiera llegó a enterarse de su
existencia. Pero en las versiones anteriores, algo similar pasó en Costa Rica. Pero eso se explica simplemente en el hecho de que en aquellas oportunidades no hubo algún costarricense que figurara de esa manera en el programa.
La distracción, la emoción, la solidaridad, y tantos elementos positivos en que pensaron muchos costarricenses a lo largo de estos días, puede y debe hacer alguna diferencia.
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