Editorial
EE.UU. en su hora histórica
Esta semana, los candidatos presidenciales en Estados Unidos completaron su corta lista de tres debates, previo a las elecciones que tendrán lugar el martes 4 de noviembre.
Será la hora crucial para un pueblo que encara en esta oportunidad el reto de confrontar su historia, ya no solo en el tema de la discriminación racial, sino en lo que toca al derrumbe del marco ideológico que marcaba la acción del Gobierno.
La cuestión de la discriminación racial era algo a lo que el pueblo estadounidense siempre trató de darle la espalda. Una sociedad marcada por aquel sentimiento de status por color de piel, casi desde su propio surgimiento, se negaba a dar un giro hacia la vigencia plena del principio de igualdad que derrumba el mito de la superioridad de una raza sobre otras.
Y aunque ya Estados Unidos registra en su historial una amplia lista de congresistas negros y mestizos, así como varios secretarios de Estado de ambos grupos étnicos, en el pasado el ex general Colin Powell, quien llegó a ser jefe del Estado
Mayor Conjunto de Estados Unidos, puesto en el cual lideró la primera Guerra del Golfo, rehusó disimuladamente la oferta para acompañar ya sea a George Bush padre o a Bill Clinton en sus
respectivas fórmulas presidenciales. La razón: el temor por las consecuencias de los conflictos raciales. Hoy, el senador por Illinois, Barack Obama, ha decidido dejar ese temor atrás y atreverse a presentar su nombre ante el electorado. Y encantó a muchos con su discurso, al grado de superar en las primarias del Partido Demócrata, a la ex primera dama Hillary Clinton.
Ahora, ya en la elección nacional, Estados Unidos está a menos de tres semanas para confrontar su propia historia.
Como si eso fuese poco, el derrumbe financiero de las últimas semanas gestado, por cierto, a lo largo de muchos meses- ha hecho caer grandes
signos de interrogación sobre la teoría de que el mercado todo lo puede… hasta autoregularse.
De la noche a la mañana, el Gobierno de Estados Unidos pasó a ser importante accionista de varios de los más grandes bancos, como medio para inyectar recursos al sistema. Es todo lo contrario de lo que el Gobierno defendía. Es un cambio conceptual y no está claro cuál será su punto de culminación.
Las elecciones llegan justo en medio del caos, y es indudable que el nuevo presidente tendrá que jugar un rol muy importante en la elaboración del nuevo esquema de estado que tendrá que ser puesto en marcha en aquel país.
A todo ello se suma el hecho de que los estadounidenses nunca se han decantado realmente por las elecciones presidenciales, en las que suele registrarse una tasa de abstencionismo superior al 50 por ciento. Es el otro reto que queda por vencer en el proceso electoral del presente año.
Quizá la denominada Unión Americana nunca fue sometida a tantas pruebas juntas, porque si bien ha estado en grandes guerras, estas las han librado sus gobiernos y sus ejércitos. Ahora, estas las libra su pueblo.
|