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>>OPINIÓNSan José, Costa Rica, Sábado 18 de octubre de 2008, 17:48:06.


Editorial

Una misma imagen

El cuadro cambia relativamente poco. Quizá las caras son otras. Pero la historia, es sin duda la misma.

Año con año, varias regiones del país sufren los embates de las intensas lluvias y como consecuencia del descuido de los ciudadanos, se generan grandes tragedias que llevan luto y dolor a decenas de hogares costarricenses.

En esos momentos, los cuerpos de socorro suelen correr al rescate de las víctimas, comenzando por niños y mujeres, a quienes se traslada a improvisados albergues, en el tanto estos accedan a dejar sus hogares temporalmente y con ello, a alejarse del riesgo de enfermar o morir.

Es lo lógico, una vez que se está viviendo la emergencia. Pero es triste advertir que ni las autoridades competentes han podido desarrollar acciones sustantivas para prevenir los desastres, ni los ciudadanos cobran consciencia del impacto de sus malos hábitos sobre la naturaleza.

En el primer caso, si bien la actual administración ha hecho algunas inversiones en la construcción de diques, especialmente en la zona de Guanacaste, la verdad es que las necesidades se han visto tremendamente superadas por la capacidad institucional.

El problema exige, desde nuestro punto de vista, el establecimiento de un plan estructurado de infraestructura destinado a atender, primero, las situaciones prioritarias y, luego, aquellas obras que por el momento pueden esperar pero que indudablemente son necesarias para garantizar la protección de la vida y los bienes de la población.

En ese sentido, el levantamiento de diques es una tarea fundamental, pero debe complementarse con el dragado de ríos, y con la corrección de los cortes de montaña en algunos tramos de carretera.

A la par de ello, es importante diseñar políticas institucionales para evitar la construcción de habitaciones en las laderas de las montañas. Entendemos que este es un país con una topografía muy quebrada, pero es obvio que todavía existen muchas zonas seguras para vivir. Y por tanto, es inadmisible que se sigan autorizando construcciones en áreas de riesgo, o haciéndose de la vista gorda frente a ellas.

Y, en lo que toca a la actitud de los ciudadanos, deja mucho que desear. No solo cuando se van a meter en esas zonas de alto riesgo, sino cuando lanzan a los cauces de los ríos cualquier tipo de desecho, con el simple fin de evitarse complicaciones inmediatas.

Es lo mismo que ocurre cuando la gente cambia sus muebles y lanza los viejos a las aceras, o cuando no saca la basura a tiempo, y luego deja las bolsas a la suerte del viento, para que terminen en las alcantarillas.

El conjunto de esas prácticas simplemente es sinónimo de la construcción de una desgracia, con el agravante de que, en esas condiciones, es imposible prever su magnitud.

Quedan todavía algunas semanas del invierno en el centro, el sur y el pacífico. Entre enero y febrero, el Caribe vivirá su momento. Pero si se emprenden acciones inmediatas, es posible que el próximo año el país no vuelva sufrir muerte y desolación por las lluvias.





 



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