Editorial
La marca del rechazo
El martes de la próxima semana, los estadounidenses irán a las urnas para elegir un nuevo presidente, en un proceso que en realidad ya inició, con lo que se conoce como la votación adelantada, y con el voto en el extranjero; ambos recursos para los cuales los ciudadanos interesados debieron inscribirse previamente.
Ha sido un proceso sin precedentes en la historia política de Estados Unidos, pues aunque ya hubo otras mujeres en la carrera por la presidencia, en esta oportunidad se presentó una que tiene un fuerte respaldo en diversos sectores, como lo es Hillary Clinton.
Es un proceso sin precedentes, también, porque en la contienda interna del Partido Republicano ha ganado un hombre que, como Jonh McCain, es demasiado cercano al actual presidente, George W. Bush, con quienes cada día simpatiza menos el grueso de los estadounidenses.
Más también es sin precedentes porque la nominación en el Partido Demócrata la ha ganado Barack Obama, un mulato más parecido a negro, y criado dentro de la cultura negra, pese a su cercanía con el bloque blanco de su familia.
La crisis financiera que se gestó por meses, pero que estalló en las últimas semanas, se constituyó en el último ingrediente en este extraño pastel.
A nueve días de las elecciones, Obama mantiene una buena ventaja sobre McCain, y la gran pregunta es si esto se materializará de manera que se convierta en el primer sujeto no anglosajón que se haga de la presidencia de Estados Unidos.
Las últimas encuestas sugieren que así será. No solo porque una mayoría de ciudadanos ha dicho que votará por él, sino también porque cada vez son menos los que dicen que el tema racial pesará en su decisión de voto.
No está claro si esta respuesta se produce por no darse color de racista, o si más bien es resultado de un sentimiento real en un cambiante escenario en Estados Unidos.
Pero en cambio, sí es sorprendente cómo cada vez son más los que se declaran absolutamente adversos a McCain, que no ha podido desligarse de Bush.
Este último factor pareciera apuntar a ser decisivo en el proceso eleccionario. Y aunque muchos ahora podrían sentirse más cómodos si Hillary Clinton hubiese ganado el proceso en el Partido Demócrata, parece que la animadversión creciente hacia los republicanos le está dando una tonada especial a la contienda.
Es claro, y ya LA PRENSA LIBRE lo ha apuntado varias veces, que el sistema de elección en Estados Unidos puede jugar un papel muy importante en el resultado, pues ya en el pasado se eligieron presidentes sin que obtuvieran la mayoría en la elección abierta, pero al fin y al cabo, ha resultado una campaña muy interesante.
Lo único que queda por el momento es saber si surgirá alguna sorpresa de última hora que le reste votos a Obama, pero después del tema del dinero gastado en vestir, maquillar y peinar a la aspirante republicana a la vicepresidencia, Sara Palin, parece, más bien, que los dardos siguen apuntando sobre McCain.
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