Uso perverso de un instrumento democrático
Hugo Mora Poltronieri
miaumiau1@ice.co.cr
Estados Unidos, 1861-1865, Norte contra Sur: los sudistas querían a todo costo mantener la esclavitud de sus negros e iniciaron las hostilidades cuando llegó a la presidencia Abraham Lincoln, abolicionista decidido. De sobra es conocido cómo, durante el conflicto, Lincoln proclamó el cese de la esclavitud y la causa nordista se impuso al fin.
Pero supongamos que los astutos terratenientes sudistas, para evitar el conflicto y salirse con la suya, puesto que tenían todos los recursos jurídicos y materiales a su disposición, hubieran propuesto una consulta a la población blanca y negra incluida en sus territorios: “¿Aprueba usted la esclavitud? Responda Sí o No”. El resultado habría sido absolutamente previsible; pero absolutamente injusto, irrazonable y desproporcionado, dadas las condiciones de miseria humana a que habían sido reducidos los esclavos y el poder omnímodo que ejercían sobre ellos sus dueños, con la bendición de todas las autoridades políticas y religiosas propias de cada Estado.
Ni más ni menos lo que se da ahora y acá con la propuesta del PASE (a propósito, un partido “humanista” que no “discrimina” a nadie). Propone este grupo un referéndum para decidir si se reconoce o no a los homosexuales su derecho fundamental, como ciudadanos plenos que deberían ser, a formar una familia dentro de un proyecto de ley que crea un instituto especial, como es el de la unión civil, sin afectar con ello derecho alguno de la mayoría heterosexual. Y el PASE se pone a los pies de la Iglesia Católica (que se basta sola) para recoger firmas. La balanza (¿de la justicia?) termina de inclinarse con el aval de la Sala IV y el TSE.
En apariencia, todo muy democrático. Pero, ¿lo es? En primer lugar, consideremos el fondo del asunto: a sabiendas de que los homosexuales constituyen un sector minoritario de la población, ¿puede ser decidido su acceso a algunos derechos humanos fundamentales por una mayoría desinformada y prejuiciada que tradicionalmente la ha perseguido, la ha humillado, la ha ubicado entre la escoria de la sociedad, la ha criminalizado y la ha privado del necesario sentido de su propia dignidad mediante todos los recursos legales, sociales y educativos que da el poder numérico? Esta mayoría decidirá; pero quienes disfrutarán de todos los recursos del poder, de las finanzas, de la movilización y de la información serán las organizaciones sociales y políticas, así como los individuos con posiciones claramente homófobas, que ya se han ido manifestando con tanta acogida y amplitud en los principales medios de comunicación.
Al frente se ubicará un grupo minoritario que carece de todo lo señalado arriba. Agréguese a esto, una cultura individual integrada por una vida de clandestinidad, de asunción forzada de valores impuestos por la mayoría heterosexual, de complicidad con la mayoría opresora que, a cambio de no hacerse notar, la tolera y, sobre todo, de miedo, mucho miedo y vergüenza, mucha, a salir a la palestra pública singularizándose por una causa perdida y que generará represalias de todo tipo entre sus parientes, sus conocidos, sus amigos, sus compañeros de estudio y trabajo, sus superiores.
No todos somos así, pero el silencio de muchos amigos y personajes conocidos que hace tiempo debieron manifestarse y no lo han hecho, es señal premonitoria.
Nuestros abuelos llamaban a una situación así la de “burro amarrado contra tigre suelto”. Muy certero. ¿Un uso perverso de un instrumento democrático? También.
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