Editorial
Petróleo y razonabilidad
Los precios internacionales del petróleo han mantenido una clara tendencia hacia la baja en las últimas semanas, hasta situarse alrededor de los 105 dólares por barril, en el mercado estadounidense, al cierre de la presente semana, y después de haber alcanzado a rozar los 150 dólares.
Esta situación pone en evidencia que el mercado petrolero está muy marcado por las arbitrariedades, lo que al final de cuentas incide en que no haya criterios objetivos que permitan establecer una relación de costos clara.
En el pasado se decía que los precios del crudo eran muy susceptibles a las situaciones de guerra en el Medio Oriente. De allí que recurrentemente se dieran fluctuaciones que en los tiempos de la primera Guerra del Golfo, a inicios de los años 90, por ejemplo, elevó las cotizaciones hasta casi los 60 dólares, en lo que muchos consideraron como cifras exorbitantes para la época.
En la actualidad, sin embargo, ese tipo de tensiones son cada vez menos frecuentes, o tal vez el mundo aprendió a vivir con ellas y eso ha llevado a que no determinen mayor cosa respecto de los precios del petróleo.
Pero, entonces, surgieron los financistas; los escaladores que compran en el mercado internacional lo que no van a utilizar, pero que saben es de primera necesidad para otros, en una estructura quizá mayoritariamente incentivada por los nuevos capitalistas de Rusia, que se hicieron multimillonarios con los mejores pozos petroleros de ese país.
Y a partir de allí, muchos otros que entendieron que en los juegos financieros se pueden sacar grandes dividendos.
Hoy, sin embargo, la presión está cediendo y los precios tienden a la baja. No está claro si se podrán sostener en los nuevos niveles, pero al menos es un buen augurio el que se acerquen a los 100 dólares, a pesar que por momentos se temió que pudiesen llegar a los 200 dólares el barril.
El paso lo está marcando Venezuela, indudablemente, dado que el presidente Hugo Chávez, ha caminado por el mundo ofreciendo crudo de su país a 100 dólares el barril, aunque al mismo tiempo ha logrado comprometer, como contra prestación, apoyos de otras naciones a diversos programas que desarrolla a lo interno.
Y esto ha llevado a que otros vayan entendiendo que se pueden manejar niveles de precios mucho más razonables que aquellos que se llegaron a dar hacia mediados de año.
Lo triste de la experiencia de los precios sobredimensionados es que contribuyeron a destrozar la economía de los países dependientes, como Costa Rica, sin que ello implicara siquiera alguna leve mejoría en la situación de los países productores. De hecho, por ejemplo, en México, donde los precios son parcialmente subvencionados, ya la población reclama que se está llegando a niveles insostenibles. Y aunque el Producto Interno Bruto de ese país se elevó por los aires, al final su población no ha disfrutado de las mieles derivadas de esa nueva realidad.
Una cuestión de contrastes que quedará para ser evaluada por la historia.
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