Editorial
Prórroga al TLC con EE.UU.
El Gobierno se encuentra hoy ante la disyuntiva de gestionar con Estados Unidos una nueva prórroga para completar los requisitos para entrar al Tratado de Libre Comercio (TLC) con ese país.
La Sala Constitucional le enmendó la plana a los diputados en torno de al menos dos graves incumplimientos en el procedimiento seguido en el trámite de la que, a la postre, resultó ser la última de las leyes de implementación del TLC. Son escenarios como estos los que nos retratan de cuerpo entero ante el mundo, pero de lo cual nuestros políticos no han logrado alcanzar a comprender los efectos negativos.
En el escenario interno se juega, como siempre, con todos los asuntos importantes, escudados todos bajo el falaz argumento de que se requiere tiempo para discutir los asuntos. Se pasa, finalmente, ese tiempo, y todos nos damos cuenta de que no se aprovechó como se debía.
La política debe asumirse con seriedad, porque, desgraciadamente, de ella pueden depender muchos de los asuntos de un país. En el caso que nos ocupa, de las decisiones, indecisiones, e irresponsabilidades de los diputados pueden depender las oportunidades comerciales de miles de empresas, y con ello, del futuro de miles y miles de familias costarricenses.
Y, en este caso, nadie se salva. Porque quienes apoyan el TLC pretendieron asumir que como son mayoría en la Asamblea, pueden hacer las cosas como les da la gana. Y no entendieron que las cosas se deben hacer como indican los procedimientos. Los que no apoyan el TLC, entretanto, no lograron entender que perdieron el referéndum a que fue sometido el asunto. Y ahora, cuando el último proyecto debe regresar al inicio del trámite, comienzan a decir que se deben apresurar las acciones para no perder la oportunidad. En este proceso el país se ha llevado ya casi cinco años, sin contar el hecho de que debió ir a una ronda de negociación adicional respecto del resto de países de la región. A veces se piensa que eso de hacer diferencia a la fuerza, realmente termina siendo positivo, y no se logra entender que solo se hace el ridículo. Desde allí comenzaron los problemas del país respecto del TLC. Entró a una negociación sin un norte claro, y nunca apareció nadie en el camino con el liderazgo y la capacidad para plantear las correcciones pertinentes y delinear las acciones endientes a sacar el tema adelante.
Más bien, aparecieron en escena más y más oportunistas de la política, que terminaron por crear un escenario tan distorsionado que no está claro cuándo podrá ser superado de manera que el país pueda continuar hacia delante sin padecer las consecuencias de ese desastre en que se convirtió la discusión del TLC.
Y todo eso ha llevado a que, tras una primera prórroga que fue necesario pedir para resolver el asunto, ahora se debe ir por otra. Como si todos en ese cuento estuvieran dispuestos a jugar el mismo juego del ridículo y la irresponsabilidad al lado de Costa Rica.
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