Fundada en los tiempos cuando después de celebrar los desfiles del 15 de setiembre no quedaban las calles inundadas de basura.

De dichos y otros pienses
por Ricardo Dávila B.
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Confesión de un patrullero
Patrullero feliz fue requerido
por una hembra bella y bien torneada
los rayos de la luna iluminaban
su porte muy garboso y distinguido.
En la noche su sombra se recreaba
con un perfil precioso que surgía
pidiendo ayuda a quien se presumía
protección policial determinada.
-Necesito de usted, pido consuelo
de que me lleve en su patrulla hasta mi
casa. me ha cerrado la noche por
desgracia y sólo así mi esposo calma
el genio-
-Yo soy mujer honesta, no cualquiera,
pero en sexo estoy abandonada
pues mi esposo ya no manda la parada y tengo que encontrar quién me
complazca-
-Como mujer deseada y atrayente
los celos enloquecen a mi esposo,
usted me salvará de algún destrozo,
y yo le pagaré espléndidamente-
El azoro pasó por breve momento,
en el rostro del noble patrullero
despertósele el macho marrullero
y se cobró en especie muy contento.
Este es sólo un pasaje anecdotario
de los muchos que pasan en las noches
dónde gentes maleantes y los coches
forman este paisaje rutinario.
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