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>>OPINIÓNSan José, Costa Rica, Viernes 26 de setiembre de 2008, 18:55:10.


Editorial

La reversión de un concepto

Justo en estos días, cuando en Estados Unidos los políticos debaten sobre la conveniencia de un nuevo intervencionismo estatal y de la estatización de empresas que hasta ahora han sido privadas, en nuestro país, el Poder Ejecutivo adopta la medida de fijar los precios del arroz.

Hace algunos años se eliminó esa, que había sido una práctica normal en Costa Rica, porque aparecieron aquellos quienes promocionaban la idea de que el mercado era capaz de auto regularse en beneficio de los consumidores.

Así, se pasó a una cortísima lista de productos con precios controlados, supuestamente por un principio de solidaridad. Y dentro de estos, una calidad de arroz, como una calidad de frijoles, pensando que con eso le bastaría a los más pobres para asegurarse su alimentación.

Hoy, sin embargo, los datos del Ministerio de Economía, Industria y Comercio dan cuenta de que aquello no pasó de ser una teoría aplicable en tiempos de bonanza, pero fácilmente manipulable en momentos de crisis.

Bastó que se produjera un alza desmedida en los precios internacionales de los granos básicos, para que los industriales, hábilmente sacaran conclusiones y comenzara a desaparecer del mercado la calidad de arroz que tiene precio fijado por decreto.

No faltarán quienes digan que lo importante es que el Estado tenga la potestad para actuar ante esas situaciones particulares, y que lo haga a tiempo, a fin de no afectar a los más pobres.

Pero, esa es una forma simplista de ver el asunto. Porque mientras se da el problema y llega la acción, siempre habrá un espacio para los oportunistas saquen provecho. El mismo ministro Marco Vargas lo reconoce al afirmar que la reducción en los precios que derivará del decreto que anunció esta semana, no se percibirá en lo inmediato.

El argumento que da no es muy convincente, puesto que alega que los industriales tienen todavía producto que adquirieron a precios más altos. De hecho, si se produce la rebaja, no es de esperar que cuando vengan los aumentos se esperen a liquidar todo el producto que adquirieron a precios inferiores.

Este es parte del problema. Y, desde esa perspectiva, sería saludable que se discuta a profundidad el tema, porque los fracasos de los esquemas sin control cada vez son mayores.

No se trata de que se utilicen mecanismos de fijación de precios para dañar a los sectores productivos, o para favorecerlos más allá de la media necesaria. Se trata, más bien, de buscar puntos intermedios que le permitan a todos los actores sociales salir adelante.

Entonces, lo que se impone es una estructura de control que, a partir de los costos de producción, permita determinar precios máximos de venta en cada una de las etapas del proceso, hasta llegar al consumidor, para evitar los excesos que todos los días se observan.

Ese no debe ser un recurso solo para los tiempos de crisis. No al menos en torno a los alimentos de primera necesidad, porque es mentira que la gente puede andar comparando precios de un lado a otro para tratar de conseguir los mejores.





 



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