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>>OPINIÓNSan José, Costa Rica, Martes 21 de abril de 2009, 00:45:27.


Editorial

Error de perspectiva

Tras la clausura de la Quinta Cumbre de las Américas, el domingo pasado en Trinidad y Tobago, ha quedado claro que todo finalmente giró en torno al presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

Un foro de esta naturaleza, en teoría, es un encuentro entre iguales, destinado a alcanzar puntos de coincidencia entre los gobiernos en torno a la solución de problemas comunes entre los países.

Pero, cuando a ese foro algunos llegan como si se tratase de una fiesta de la farándula, en la que todos quieren tomarse una fotografía con la estrella de la película, como que la cosa cambia.

Y es lo que pasó en torno a Obama, visto claramente por los otros presidentes del continente como esa gran figura salida del celuloide, que capta toda la atención y que hace ignorar tanto a los otros actores como los temas de fondo tratados en la película.

Los estadounidenses se han rendido ante el carisma de Obama. Por eso ganó las elecciones. Por eso sigue manteniendo un alto grado de respaldo a su gestión, pese a la difícil situación económica y el impacto que esto tiene en la población.

Pero, de allí a que los dignatarios de otros países caigan en lo mismo, hay una gran diferencia. Y al decir no se trata, tampoco, de restarle donde no se le puede restar a Obama, sino simplemente de mantener las cosas en la perspectiva correcta.

Los temas que debían analizar los presidentes del continente, se quedaron en un segundo plano, pese a que son importantes para millones de personas. Hasta los mayores críticos de Estados Unidos, como Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa se rindieron en torno a Obama y disimularon los cuestionamientos a su administración.

Esto último, al fin y al cabo, también puede ser reflejo de que algunas de esas críticas se hacen por tradición, más que por conocimiento de causa. Sería, en todo caso, un pésimo mensaje por parte de figuras que deben mantener un mayor nivel de objetividad en sus apreciaciones y en el manejo de la política exterior de cada país.

Y, finalmente, estos hechos llevan a otro punto: desde este lado del continente, se sigue creyendo que las soluciones a los problemas son responsabilidad de otros, y se apunta, como siempre, hacia Estados Unidos.

Es un grave error plantear las cosas desde esa perspectiva, porque cada país ha de ser dueño de su destino, y los políticos locales son los únicos que pueden traducir esa premisa en acciones prácticas.

No se puede dudar que la política externa de Estados Unidos influye en algunas áreas, pero la acción de Gobierno no puede quedar reducida en ningún país a lo que desde el norte se marque.

Esas son las debilidades que derivan de una Cumbre regional en torno a la cual la mayoría ha preferido revisar el ambiente de cortesía en que se desarrolló. El problema es que con eso, los países no salen adelante ni dejan sus problemas atrás.

Más bien, terminan siendo muestras irrefutables de que el subdesarrollo permea todas las áreas en nuestra región.





 



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