Editorial
Negociación entre sordos
Se desarrolla desde ayer en Bruselas, Bélgica, una especie de minirronda de negociación entre Centroamérica y Europa, para tratar de destrabar el proceso destinado a lograr un Acuerdo de Asociación entre las partes.
Sin embargo, de cara a la cita que fue establecida después que Nicaragua abandonara la mesa de negociaciones en Honduras, hace dos semanas, las partes no hicieron mucho -por no decir nada- para tratar de alcanzar posiciones conciliadoras en torno a los temas pendientes.
Y esto es resultado exclusivamente del hecho de que esta ha sido una negociación entre gente que no se está escuchando, y entre países cuyos gobiernos pretenden ignorar las realidades que tienen frente a sí.
Nicaragua se levantó de la mesa bajo el argumento de que si no se introducía en el Acuerdo un Fondo Solidario para el desarrollo de los países de la región, por 60 mil millones de euros, no tiene interés en el asunto.
Frente a un planteamiento si se quiere sin sustento técnico, pero planteamiento directo y claro al fin, los otros actores han respondido con juegos que van desde el silencio y el desentendimiento a términos que no caben, de momento, en la mesa. Por ejemplo, cuando desde Costa Rica y desde El Salvador se sigue afirmando que la negociación puede seguir con solo cuatro países del área. La Unión Europa ha sido clara desde el inicio en que negocia con un bloque de cinco países, y a la fecha no hay establecido un mecanismo, ni siquiera, para que alguno se salga, ya sea una vez que se cierren las negociaciones, o después de que el Acuerdo esté en vigencia. Mucho menos, para que alguno se salga en este momento.
En segundo lugar, nuestros mismos países han caído en la trampa de asumir que todos los problemas en torno al pretendido Acuerdo de Asociación tienen que ver con el Fondo que plantea Nicaragua. Y por estos días, ya ni siquiera hablan del hecho real de que Europa mantiene una posición absolutamente inflexible en torno a sus pretensiones, frente a sus ofrecimientos. Por ejemplo, a hoy, no hay ningún avance con respecto a los accesos de banano y azúcar, dos productos muy sensibles para nosotros.
Lo más preocupante es cuando se escucha a los propios negociadores insistir en la mala teoría de que queda suficiente tiempo y que las ofertas se irán ajustando sobre la marcha. No han entendido que para Europa, esta es una negociación al estilo de: esto es, o no es, pero así como está planteado.
Ese es el problema de quienes negocian pretendiendo que todo está bien, cuando es obvio que no es así. Y luego, cuando se ven presionados por el tiempo y la contraparte, entonces se producen aquellos entuertos que no se pueden solucionar, y que comprometen aún más el proceso.
En estas negociaciones, definitivamente hace falta un tanto de sentido común y otro poco de compromiso real con las necesidades de cada país.
|