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>>OPINIÓNSan José, Costa Rica, Lunes 26 de enero de 2009, 22:20:39.


Editorial

Elemental razonabilidad

Funcionarios del Patronato Nacional de la Infancia (PANI) realizaron recientemente un estudio en los albergues que fueron levantados tras el terremoto del pasado jueves ocho de enero, en la zona de Cinchona.

Una de las conclusiones más importantes a las que llegó ese estudio es que no se tienen las mejores condiciones para la atención de los niños que se ubican en los albergues.

La otra gran conclusión, disimulada como una especie de queja, es que al PANI le corresponde un espacio de acción en la crisis.

El que se hiciera un estudio para llegar a esas dos conclusiones parece realmente poco serio en una situación como la derivada del terremoto. Un movimiento sísmico de esas características no es predecible. Se da cuando se da, y no queda otra que reaccionar ante la situación. Y en momentos como esos, es de esperar que haya problemas. Quien crea que no será así, o no está hablando en serio, o no está ubicado.

Y, advertir que los niños no reciben la mejor atención, tampoco parece serio cuando las secuelas del terremoto alcanzan los niveles que se han podido observar en esta oportunidad.

No se trata de ser conformistas, ni de ser irresponsables. Pero, en cada caso, hay un orden de prioridades. Y en este caso, pareciera que la lógica imponía, primero, ubicar en zonas seguras a la gente, incluyendo, por supuesto, a los niños. Y segundo, garantizarles al menos condiciones de alimentación y de salud para pasar los días siguientes. Eso, se ha
cumplido.

Obviamente, será necesario todo un programa de reconstrucción. Y tendrá que ser lo más ordenado y oportuno posible, pues las circunstancias lo exigen así.

Ahora bien, lo de que al PANI le toca un rol que jugar en esta emergencia, es un tema que nunca se podría discutir. Pero si la gente de esa entidad tiene que hacer un estudio para entender eso, la verdad es que habría que lanzar un enorme signo de interrogación alrededor de lo que allí ocurre.

Es típico en nuestro país que las instituciones se traten de desligar de las cuestiones que deberían atender. Y durante esta emergencia, se han escuchado demasiados voces en esa dirección equivocada.

Por ello, es urgente que se fijen líneas de acción que establezcan prioridades conforme con la magnitud de las emergencias, a fin de que todas las instituciones se comprometan en la acción.

En una emergencia como la del terremoto, lo fundamental es llevar asistencia a las víctimas. Y en esas tareas todos deben participar. Ya a estas alturas, por ejemplo, el PANI debería tener un claro listado de los infantes que están en los albergues, y deberían haber aportado al menos algún tipo de seguimiento en el plano psicológico para ellos y sus familias.

Los derechos de los niños exigen una acción clara en esa línea. Y debería darse de manera automática, sin entrar en formalidades como las que se pueden interpretar de la lectura de la investigación del Patronato. Las soluciones son las que interesan de momento.





 



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