Editorial
De vuelta a clases
Poco más de un millón de niños y jóvenes, que estudian en escuelas y colegios públicos, llenarán a partir de hoy las aulas, en el inicio de un nuevo año lectivo.
En las últimas semanas lo fueron haciendo quienes tienen la fortuna de recibir su formación en centros educativos privados, la mayoría de los cuáles ya completó el arranque del nuevo curso.
Esa es, de entrada, una de las grandes diferencias entre un sistema y otro, pues en las escuelas y colegios privados se suele recortar las vacaciones, de manera que los estudiantes tengan más días de clases.
Pero, desgraciadamente, allí no se quedan las diferencias. Los educadores que laboran para los centros privados, en términos generales, logran un mejor ingreso que el que tienen los que están en el sistema público, muy a pesar de los pluses que pueden complementar el salario de estos últimos.
Eso, en algunos casos, se convierte en un
filtro, en el que escuelas y colegios del Estado simplemente llevan las de perder.
Y en lo que toca a los estudiantes, las horas efectivas de clases suelen ser más a lo largo del curso, amén de que el pago casi nunca se constituye en un factor a favor del esquema del pobrecito. Vale decir que los criterios de evaluación son más estrictos.
No todo es mejor -eso sí- en los centros privados. De hecho, las autoridades deberían forzar a las escuelas y los colegios privados, sea cual sea su naturaleza, a ofrecer lecciones en español y a dar cursos completos de otros idiomas. Porque en muchos casos, las clases se están dando en un idioma extranjero, de manera que al final, los estudiantes salen sin in dominio pleno del español.
Es cierto que en los tiempos actuales, por ejemplo, el inglés se ha vuelto indispensable. Pero no por ello debe dejar de verse como un segundo idioma. Porque la incomunicación a que se está contribuyendo en los hogares es perjudicial para la sociedad costarricense.
Además, en muchos casos se le da preferencia a la historia y a la geografía de otros países; particularmente, Estados Unidos, cuando aquí en primer lugar se requiere un conocimiento del país en que se vive. Eso no implica eliminar la información general, que es parte de lo que se debe conocer. Pero la relación debería ser inversa. El problema es que, pese a que los centros educativos privados están reconocidos por el Gobierno, no se tiene un real control sobre lo que hacen o no hacen. De hecho, muchas veces ese control ni siquiera alcanza a las escuelas y colegios estatales. Eso dice mucho de la magnitud del problema.
Y, finalmente, el reto sigue siendo reducir la deserción, en lo que el MEP lleva por ahora nota roja.
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